jueves 18 de agosto de 2022

BODEGA DEL MES | Hace 6 meses

Privilegios de “cavaleiro do vino do Porto”

Si bien Finca Flichman se fundó en 1910, pertenece desde hace más de 20 años al Grupo portugués Sogrape, uno de los grandes referentes de Europa.

Una empresa de vinos familiar, pero con fuerte presencia global y una diversidad única, que va desde los vinos de Barrancas y Valle de Uco, hasta los Porto (Sandeman), pasando por el vino rosado más vendido del Viejo Mundo (Mateus), tintos y blancos portugueses tradicionales (Casa Ferreirinha) y modernos (Silk&Spice), y blancos neozelandeses que rockean (Framingham), entre otros. 

A fines de 2021, Fernando Da Cunha Guedes, presidente del Grupo Sogrape pasó por Buenos Aires, para ser anfitrión de una fiesta en la Embajada de Portugal, con motivo de los 111 años de su bodega mendocina, que sostiene su filosofía vitivinícola en la tradición y el posicionamiento internacional de marcas con foco en el segmento de vinos alta calidad que hicieron historia como Caballero de la Cepa y Dedicado. Pero, Finca Flichman es parte de una familia de vinos con mucha más historia.

En más de veinte años de profesión, el vino me llevó a recorrer el mundo, pero lo más importante es que me permitió conocer personas, terruños y tradiciones que me hicieron sentir mucho más allá de las copas. Por esas cosas de la vida profesional, en junio de 2010 partí rumbo a Porto, invitado por Finca Flichman, para ser nombrado “Cavaleiro do Vinho do Porto”. Una distinción que compartí con mis compañeros de ruta Miguel Brascó y Elisabeth Checa. Fue un viaje inolvidable al corazón de uno de los vinos más famosos y tradicionales del mundo.

Visitamos varias bodegas del grupo Sogrape (propietarios de Finca Flichman), de la mano de Ricardo Rebelo, director de la bodega en Argentina por aquel entonces. Fue una experiencia maravillosa, llena de anécdotas y vinos memorables. Recuerdo que hubo una visita que sobresalió del resto; Ferreira. 

Nota del mes Enero 3

Y justamente, ese es quizás el nombre más emblemático de Porto, porque esa familia ya poseía en 1751 las viñas, cuando al Marqués de Pombal se le ocurrió clasificar los viñedos por su calidad (de la A a la F), siendo la primera región vitivinícola en el mundo en hacerlo. Varios años más tarde, Antonia; descendiente directa del fundador; forjaría lo que es hoy la bodega y sus vinos. Tal fue su legado en la región, que todas las casas de Porto reconocen a Dona Antonia como la primera gran impulsora y defensora del vino de Porto en el mundo. Por ese motivo, en 2011 se realizó una gran degustación en su honor para conmemorar el bicentenario de su nacimiento.

Si hay algo que tiene el Porto es capacidad de guarda, por eso los afortunados invitados pudieron degustar Porto Ferreira de 1851, 1847, 1840, 1834, 1830 y 1815; de los cuales solo se abrieron dos botellas de cada vintage. Cada año fue elegido por algún hecho histórico relevante, como el vino que cerró la cata, nacido el año de la batalla de Waterloo. Y es al día de hoy la botella récord vendida de Porto, por haber alcanzado los u$s 7.700 en una subasta a beneficio.

Y si bien no asistí a tamaña celebración, sí pude respirar y degustar (mucho más respirar) alguno de esos vinos con más de dos siglos de vida. 

Fue durante una cena en casa de Rebelo, un portugués de pura cepa, pero afincado en Buenos Aires desde hace muchos años. Cocinó una de sus especialidades, un plato típico de su país; carne de porco à Alentejana. Una combinación de carne de cerdo marinada con cebollas, almejas y unas papas fritas muy cuidadas, todo en el mismo plato. Antes, de eso fue el turno de una sopa (açorda alentejana) con ajo, cilantro, pan y huevo. Acompañados con otros vinos a la altura de las circunstancias. Un Roquette & Cazes 2007, gran tinto portugués, elaborado a imagen y semejanza de Burdeos. Un Paisaje de Barrancas 2014 (Finca Flichman), con más cuerpo, moderno y fresco. Y un Dedicado 2013 (Finca Flichman), intenso y con toda la fuerza de su juventud. Hasta ahí, una velada muy entretenida con comida regional y vinos de alto vuelo. En un momento, los principales pasaron a ser un recuerdo y los postres invadieron la mesa al ritmo del fado; el tradicional canto portugués.

Nota del mes Enero 3

Ese fue un instante que, al menos para mi, cambió todo. Porque aparecieron repentinamente tres frasquitos plásticos semitransparentes en los que se veía muy poquito líquido de color ambarino. Eran las muestras de Ferreira 1815, 1830 y 1834, que habían sobrado de aquella degustación, guardadas como verdaderos tesoros por Ricardo. Cabe destacar que por ser vinos fortificados o encabezados (agregados de alcohol), son más estables en el tiempo, incluso una vez abiertas las botellas.

El dueño de casa sirvió cada Porto uno en una copa, apenas una muestra para que los invitados pudiéramos al menos olerlos. Claramente fui el que más tiempo tardó con cada copa. Quería levantar el Porto con la respiración, era tanto lo que sentía que ya no podía distinguir entre aromas y pensamientos. ¿Emoción? seguro, ¿admiración? por supuesto, y ¿sorpresa? si, mucha sorpresa.

Todos estaban vivos y tenían cosas para decir. Más equilibrado el 1815, más complejo el 1830 y más impactante el 1834, pero todos transmitían una sinfonía de sensaciones. Solo con eso yo ya me daba por satisfecho. Mientras tanto, el anfitrión seguía recordando la experiencia al tiempo que leía sus propias notas de cata de aquel evento. Yo lo escuchaba, pero mi atención estaba en otro lado, seguía mirando y respirando las copas. Hasta que Ricardo se iluminó, me nombró como el más afortunado de todos los comensales presentes y me invitó a degustarlos. Debo reconocer que la mesa apoyó la moción por unanimidad. Primero degusté el 1815, equilibrado y muy expresivo, con una fuerza exótica, especiado y profundo. Luego el 1830, tan intenso, pero más filoso y vivo, con un final ahumado amargo y de frutas secas. En el fondo, algo más complejo, pero eso no importaba. Por último, el 1834, más actual, vegetal y fresco, no tan especiado ni intenso, pero sí delicado y con un final licoroso profundo.

Sin salir de mi asombro, comprendí que acababa de tomar (aunque sólo fueron tres sorbitos) vinos elaborados doscientos años atrás. Vinos que de alguna manera se mantuvieron vivos durante dos siglos, vinos que atravesaron la historia, vinos muy especiales claramente, vinos al fin. Elaborados con uvas que crecieron en viñedos y fueron recolectadas por personas, al igual que hoy en día. Esto quiere decir que muchas manos trabajaron para dar vida a esas tres botellas, doscientos años atrás. 

Un enófilo, conocedor o apasionado del vino puede comprender la magia del vino y disfrutar mucho más cada copa que le sirvan.

Nunca me olvidaré de esos Porto, y gracias a ellos tampoco de ese momento; se que no fue un privilegio más que me regaló el vino, fue un privilegio de cavaleiro.

Nota del mes Enero 3

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at Fabricio Portelli

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